
Tramo del río Birim anegado por los lodos de la minería ilegal en Akyem Adurom, en la región oriental de Ghana. Foto: Albert Oppong-Ansah
Descender a un amplio pozo abierto a golpe de excavadora en las entrañas de la tierra roja ghanesa no era la primera opción para Ofa Yaw Adu, de 45 años. Pero es la cruda realidad que ha acabado aceptando. Agricultor de cacao, yuca y plátano, Yaw perdió su medio de vida hace cinco años, cuando el propietario del terreno que arrendaba se lo vendió a unos mineros de oro.
En la actualidad, su rutina diaria consiste en transportar mineral excavado y triturado por los yacimientos de Wassa Akropong, la capital del municipio de Wassa Amenfi East, en la región occidental, a 303 kilómetros de Acra, la capital de Ghana. Suele ayudar en el proceso de lavado y separación, donde el material molido se mezcla con agua y se hace pasar por canaletas para separar de los residuos las partículas de oro, que son más pesadas. Son tareas clave para la industria de extracción de oro del país, que en 2025 alcanzó un valor de 31.100 millones de dólares, convirtiéndose en la principal fuente de ingresos por exportación para Ghana.
"Esto es lo que me permite llevar la comida a casa y pagar las facturas, como la matrícula del colegio y los libros", explica Yaw Adu con tranquilidad. A sus espaldas, enormes pozos abiertos, sin cubrir tras las operaciones de excavación, retumban sin descanso. A pocos kilómetros de allí, Kweku Tandoh, de 40 años, maneja una máquina changfa junto a un grupo de trabajadores extranjeros. Juntos bloquean el cauce de los ríos, dragan los lechos en busca de oro aluvial, lo lavan con mercurio y luego vierten el agua contaminada de vuelta al cauce. Por eso las aguas de la zona bajan de color marrón.
Yaw y Kweku representan a millones de personas del sector de la minería artesanal y a pequeña escala en Ghana. En él trabajan desde escolares de apenas 10 años en adelante hasta mujeres y migrantes de otros países (como Burkina Faso, Nigeria, Costa de Marfil, India, China y Níger). A todos los atrae la promesa de ganar dinero rápido en un país donde conseguir un empleo formal sigue siendo muy difícil.
El pulso de Ghana y su conexión con el mundo
La relación de Ghana con el oro viene de muy lejos. Su antiguo nombre colonial, Costa del Oro, reflejaba la abundancia de esta materia prima que atrajo a los traficantes de esclavos europeos mucho antes de la independencia. Hoy en día, el oro sigue siendo uno de los pilares más sólidos de la economía ghanesa, marcando el destino del país y el de millones de sus habitantes.
"Las toxinas de la extracción de oro acaban en los ríos y en los cultivos. De ahí pasan fácilmente a la placenta y a la leche materna, afectando a los niños en las etapas más críticas de su desarrollo"
Aun así, el oro de Ghana no solo impulsa su propia economía, sino también la de la industria tecnológica mundial. Cada vez que alguien desbloquea un smartphone, abre un portátil o incluso reproduce un vídeo en streaming, hay una diminuta cantidad de oro (menos de 13 mg por dispositivo) trabajando dentro de su dispositivo. Cubre los conectores, contactos y componentes de la placa de circuito para garantizar que las señales eléctricas no fallen. El oro es la gran joya de la corona para este cometido porque, a diferencia del cobre o la plata, no se corroe con el paso del tiempo.
"El oro no solo es codiciado por las joyas y las inversiones, sino también porque es uno de los mejores conductores eléctricos del mundo. Hay mínimas cantidades de este metal en smartphones, ordenadores, equipos médicos, satélites y un sinfín de dispositivos electrónicos", explica Samuel Boateng, consultor tecnológico afincado en Estados Unidos.
Detrás de las cifras del oro
La magnitud de la producción de oro a pequeña escala en Ghana es abrumadora. Thomas Nyarko Ampem, viceministro de Finanzas, declaró ante el Parlamento de Ghana que, entre enero de 2025 y mayo de 2026, solo el sector de la minería a pequeña escala produjo 135.221 toneladas de oro. Por su parte, la Ghana Gold Board (GoldBod) compró un total de 135.843 toneladas en ese mismo periodo, procediendo la inmensa mayoría (135.221 toneladas) de la minería artesanal y a pequeña escala (el sector minero no regulado ) y el resto de las grandes compañías mineras.
"En 2025, la GoldBod compró, acumuló y exportó un total de 104 toneladas de oro procedentes de la minería artesanal y a pequeña escala, lo que reportó al país más de 10 000 millones de dólares", declaró el viceministro por aquel entonces. El impacto macroeconómico ha sido igual de contundente: solo en enero y febrero de 2026, Ghana registró ingresos totales por exportaciones de 6.200 millones de dólares, un fuerte salto frente a los 4.200 millones registrados en el mismo periodo de 2024 (según el Resumen de Datos Económicos y Financieros del Banco de Ghana).
"Los ingresos del oro han ayudado a estabilizar el cedi ghanés frente a las divisas principales, frenando la subida del combustible, el transporte y la cesta de la compra. Es un respiro enormemente recibido por millones de ghaneses, tanto en el campo como en la ciudad", señala el doctor Emmanuel Steve Asare Manteaw, copresidente de la Iniciativa para la Transparencia de las Industrias Extractivas de Ghana (GHEITI), organismo dependiente del Ministerio de Finanzas.

Yacimiento de minería ilegal en Akyem Adukrom, en la región oriental de Ghana. Foto: Albert Oppong-Ansa
Sin embargo, este negocio tiene un lado devastador. Casi una cuarta parte de los ingresos internos de Ghana procede del sector minero, que además genera empleo a gran escala y refuerza las reservas de divisas. A cambio trabajadores del oro y miembros de la comunidad están expuestos a metales pesados como el mercurio y el cianuro. Un reciente estudio reveló que el consumo de hortalizas cultivadas en minas a pequeña escala abandonadas —como los pepinos— presentaba niveles peligrosos de metales tóxicos (entre ellos mercurio, cadmio, arsénico y plomo). Son exactamente los mismos químicos que se emplean o se liberan durante la extracción de oro.
El coste oculto de la fiebre del oro global
Tras esas cifras de producción tan llamativas se esconde otra Ghana, un país donde los bosques han desaparecido, los campos de cultivo han quedado reducidos a páramos y las comunidades temen cada vez más el agua que sale de sus propios grifos. En su discurso sobre el estado de la nación de 2025, el presidente John Dramani Mahama alertó que la minería ilegal ya ha arrasado una superficie de masa forestal equivalente a 7.500 campos de fútbol estándar; la prueba irrefutable de que la minería de oro tiene un coste ecológico enorme.
"La contaminación en los ríos principales de la cuenca del Suroeste ha alcanzado niveles críticos, con picos de turbidez que sobrepasan con creces los límites permitidos", advirtió.
El ministro de Tierras y Recursos Naturales, Emmanuel Armah Kofi Buah, calificó la contaminación de los acuíferos de "igualmente alarmante", al encontrarse ríos plagados de químicos tóxicos como cianuro, mercurio e hidrocarburos. Los niveles de turbidez (el grado de claridad o turbiedad del agua) en los sistemas fluviales afectados se han registrado entre 5.000 y 12.000 Unidades Nefelométricas de Turbidez (NTU). Esta cifra está muy por encima de la norma nacional de Ghana, fijada en 500 Unidades Nefelométricas de Turbidez (NTU). Un agua con una turbidez por encima de 500 NTU significa que, si llenaras un vaso con ese agua, serías incapaz de ver el fondo de lo turbia que está por la mugre y los productos químicos.
La cuenca del Suroeste, que alimenta a los ríos Pra, Offin y Oda, ha sido la más golpeada de los tres grandes sistemas fluviales de Ghana. Pero el destrozo va muchísimo más allá del agua. En el municipio de Upper Denkyira East, en la región central del país, el técnico agrícola de la zona, Paul Akwetey, asegura que la supervisión del campo se ha suspendido en cinco áreas operativas, que abarcan más de cuarenta comunidades debido a la voracidad de la actividad minera.
La producción de cultivos básicos como arroz, yuca, plátano, maíz y hortalizas ya no se está llevando a cabo en estas comunidades a lo largo del río Offin, ya que las tierras de cultivo se han vendido a los mineros. "Muchos han abandonado la agricultura y se han perdido vastas extensiones de tierra de cultivo a lo largo del río Offin porque se han vendido a mineros para extraer oro", dijo. Akwetey también expresó su preocupación por el hecho de que los cultivos alimentarios de las zonas afectadas probablemente contengan mercurio y cianuro, algo que, según él, se confirmaría si el reciente estudio nacional de la Autoridad de Protección del Medio Ambiente sobre metales pesados tóxicos en cultivos, agua, suelo y pescado se replicara en su distrito.
Una emergencia de salud pública en ciernes
Sophia Stanger, responsable de Construcción de Paz Ambiental en el Centro Austríaco para la Paz y una persona que ha pasado mucho tiempo visitando comunidades mineras en Ghana, advierte que las consecuencias de las prácticas mineras actuales afectará a generaciones. "Una parte del mercurio se filtra en el suelo y en los acuíferos, mientras que otra parte se evapora en el aire. Es un elemento devastador para los ecosistemas y las personas: provoca enfermedades renales, daños en el sistema nervioso y malformaciones en fetos", explica Stanger.

Trabajos de extracción en un yacimiento de minería ilegal en Akyem Adukrom, en la región oriental de Ghana. Foto: Albert Oppong-Ansah
Asimismo, Stanger mostró su preocupación por el hecho de que las zonas devastadas por la minería artesanal rara vez se recuperan: "El suelo queda al descubierto y sigue degradándose. Los químicos tóxicos se incrustan en la tierra y el agua de forma irreversible, contaminando todo el sistema alimentario y los recursos hídricos en el proceso".
Más allá de estos problemas medioambientales, Stanger señala, además, las grietas sociales cada vez más profundas que sufren las comunidades mineras. Esto incluye tensiones por la subida de precios, el aumento de la violencia de género, mayores tasas de embarazo adolescente, conflictos por la tierra y un creciente enfrentamiento entre partidarios y detractores de la minería.
"Una vez que se agotan las zonas de extracción, la gente se va. Pero quienes se quedan atrás, los que dependen de la tierra para cultivar y de unas aguas sanas para beber, cargan con las consecuencias. El mercurio y otros químicos no se pueden filtrar del agua. Permanecen. Entonces, ¿cómo será Ghana dentro de unas décadas? ¿Qué tierra les estamos dejando a los niños de hoy y a los de mañana?", se pregunta.
La Sociedad Pediátrica de Ghana ha dado la voz de alarma en términos aún más contundentes, pidiendo a la Presidencia y el Parlamento de Ghana que traten la amenaza que la minería ilegal de oro supone para la salud infantil como una "emergencia nacional". En una carta abierta, la Sociedad pidió medidas inmediatas, entre las que destacan el cribado de metales pesados en las zonas de mayor riesgo y el blindaje de todas las reservas de agua.
La doctora Hilda Mantebea Boye, presidenta de la sociedad, advierte que las mujeres embarazadas y los niños pequeños sufren esta exposición a través del agua potable, el pescado, los cultivos e incluso el polvo de sus casas. "Estas toxinas atraviesan la placenta y pasan a la leche materna con una facilidad pasmosa. Afectan a las criaturas en sus etapas de desarrollo más críticas, provocando daños cerebrales permanentes, una reducción del cociente intelectual y de la capacidad de aprendizaje, retrasos en el habla, trastornos de conducta y fallos renales y hepáticos", comenta.
Las consecuencias para el futuro de Ghana son profundas. "La minería a pequeña escala, especialmente la ilegal, crea un ciclo destructivo: daña el medioambiente, perjudica la salud y la productividad y debilita la capacidad de Ghana para gestionar sus recursos de forma responsable", añade la doctora Boye. Asimismo, cree que hace falta una mayor concienciación entre los consumidores occidentales sobre estas realidades.
La respuesta del gobierno
El ministro de Comunicación del Gobierno, Felix Kwakye Ofosu, afirma que la actual administración ha actuado con rapidez desde que asumió el cargo.
Entre las medidas puestas en marcha destacan la prohibición de la minería en reservas forestales, la creación de la Junta del Oro de Ghana (GoldBod) para organizar y supervisar de verdad la actividad a pequeña escala, el lanzamiento de la Iniciativa Agua Azul para proteger los cauces fluviales y la exigencia de permisos hiperestrictos para importar maquinaria minera pesada.
"El oro no solo se cotiza por la joyería o como inversión, sino también porque es uno de los mejores conductores eléctricos que existen. La industria de la fast tech depende por completo de él"
Entre las iniciativas en marcha figuran programas de reforestación, la descentralización de las licencias mineras para mejorar la implicación de las comunidades y la transparencia, y la creación de la Secretaría Nacional de Operaciones contra la Minería Ilegal, una unidad especial centrada exclusivamente en frenar la extracción clandestina a pequeña escala.
El escepticismo de los ecologistas
Para los colectivos ecologistas,, las medidas del gobierno, por muy bien intencionadas que sean, aún no están a la altura de la magnitud real de la crisis. El subdirector nacional de A Rocha Ghana, Daryl Bosu, denuncia que el país ha fracasado estrepitosamente a la hora de implantar un plan de ordenación del territorio que separe las zonas mineras de los campos de cultivo, las masas forestales y las cuencas hidrográficas. Aunque los ingresos del oro refuerzan las reservas de divisas a nivel macroeconómico, las comunidades donde realmente se lleva a cabo la minería siguen empobrecidas y sin empleo.
"El verdadero indicador de un sector minero bien gestionado es cómo se cuidan y se regeneran también la tierra, los ríos y los bosques de donde se extraen los minerales. Si eso no ocurre, no podemos usar los indicadores macroeconómicos como prueba de que las cosas van mejor", insiste.
El doctor Emmanuel Steve Asare Manteaw ha pedido un análisis urgente y exhaustivo del sector del oro en Ghana. Su objetivo es poner en una balanza el impacto financiero de la extracción masiva frente al vertiginoso coste social y medioambiental, una factura que están pagando de forma desproporcionada las comunidades más vulnerables.
El doctor sostiene que el proyecto para la restauración de tierras y la minería a pequeña escala en Ghana, financiado por el Banco Mundial, y calificado actualmente de "moderadamente insatisfactorio", debe reorientar el rumbo con urgencia para cumplir sus objetivos: reforzar la gestión integral de los recursos naturales y aumentar los beneficios para las comunidades de las zonas de sabana y bosques de cacao.
Stanger da un paso más y sostiene que el tipo de minería de oro que se practica hoy en día, incluido el uso de productos químicos tóxicos cerca de masas de agua, debe detenerse de inmediato. Coincide con científicos y ecologistas ghaneses, que aceptan que algunas formas de minería puedan continuar, pero no cerca de los ríos ni de la manera en que opera actualmente el sector a pequeña escala.

Otro tramo contaminado del río Birim. Foto: Albert Oppong-Ansah
Stanger también apela directamente a la comunidad internacional: "Al fin y al cabo, el apetito voraz por el oro a nivel global es lo que dispara los precios y alimenta la mecha de la extracción. Frenar esa obsesión es una parte fundamental de la solución".
¿Quién paga el precio real?
El oro de tu smartphone casi con total seguridad ha pasado por manos como las de Yaw y Kweku: hombres que trabajan en unas condiciones que pocos consumidores de Nueva York, Londres, Tokio o Berlín rara vez se paran a imaginar. La minería a pequeña escala de Ghana está extrayendo oro a un ritmo que eclipsa la demanda mundial de smartphones, generando miles de millones para la economía nacional y estabilizando una moneda bajo presión, sostiene Bosu.
Pero los ríos están marrones. Los bosques han desaparecido. Los niños están absorbiendo mercurio en su sangre. Y las tierras de cultivo que alimentaron a generaciones enteras han sido devoradas por socavones a cielo abierto que nadie se molestará en tapar.
La insaciable demanda mundial de oro para fabricar móviles, ordenadores, joyas y carteras de inversión tiene una ubicación geográfica concreta. Tiene un rostro. Y, cada vez más, viene acompañada de un coste que se le está exigiendo pagar a Ghana en solitario.

Río Birim en Anyinam (Ghana). Foto: Albert Oppong-Ansah.
El móvil más sostenible es el que ya tienes.
Back Market está luchando por un mundo donde los móviles duren al menos 10 años, mediante el cuidado, la reparación, la reutilización y el reacondicionado.