
Proceso de fundición mate en la nueva planta de fundición de la mina Unki de Anglo American Platinum en Zimbabue. Foto: Creamer Media
En Zimbabue, la minería mueve sumas descomunales de dinero. Con más de 60 minerales y materias primas, entre ellos recursos muy codiciados para la fast tech como el oro, el litio y el cobre, es uno de los países más ricos en recursos del planeta.
Esta riqueza mineral es fundamental para el país. De hecho, según su viceministro de Industria y Comercio, Raj Modi, "la minería sigue siendo uno de los pilares clave de la economía de Zimbabue". Más allá de generar empleo e impulsar el tejido industrial, suministra materias primas críticas indispensables para la industria y las infraestructuras a nivel global.
"La mina de Unki es la única gran explotación de la zona, así que la gente espera puestos de trabajo y desarrollo. Cuando esas expectativas no se cumplen, surgen las tensiones".
Cómo la minería desató tensiones en la comunidad
En la pequeña ciudad de Shurugwi, al sur de Zimbabue, el platino es uno de los recursos más valiosos. Y a medida que la transición energética acelera el abandono de los combustibles fósiles y avanza hacia las energías renovables, la demanda de esta materia prima incrementa sin precedentes, ya que los catalizadores de platino se utilizan para propulsar los vehículos eléctricos sin ruido ni emisiones nocivas de CO2.
Los fenómenos meteorológicos extremos, como las sequías y las inundaciones, —agravados por la crisis climática— han afectado el ecosistema local, restando fiabilidad a la agricultura como fuente de sustento e ingresos. Como consecuencia, los empleos en el sector minero han ganado aún más peso. Por eso, cuando la mina de Unki empezó a operar a pleno rendimiento en 2011, la comunidad local vio en ella una gran oportunidad.
Propiedad entonces de Anglo American (ahora Valterra Platinum), Unki se encuentra en el Gran Dique de Zimbabwe, una franja de tierra con un enorme historial minero. Durante la última década —según el Informe ESG de las comunidades de Shurugwi—, esta empresa ha empleado a más de 2.000 personas, ha cerrado pozos que suponían un peligro para las comunidades y su ganado y ha ofrecido formación técnica y salidas laborales a mujeres y jóvenes. Todo con el objetivo de dejar un impacto positivo y sentar un precedente de minería responsable en el país.

Sitio minero de Anglo American Platinum. Shurugwi, Zimbabue. Foto: DRA Global
Esto ha supuesto un salvavidas para la comunidad, pero persiste una "fuente de profunda tensión". "Al final todo gira en torno al dinero, no es ningún secreto", afirmó Fadzai Midzi, responsable de proyectos en ZELO.
"Unki es la única explotación a gran escala de la zona, lo que genera unas expectativas enormes. La gente confía en que traiga trabajo y progreso. Al ver entrar y salir maquinaria pesada, dan por hecho que eso se traducirá en mejores carreteras, agua corriente y mejoras reales en sus pueblos. Cuando esas promesas no se materializan, es cuando estallan las fricciones".
La huella ambiental de la extracción de platino
es enorme. Su mineral contiene tan poca proporción de metal puro que hay que extraer y procesar cantidades ingentes de roca para satisfacer la demanda, y este proceso consume grandes cantidades de electricidad. Según Midzi, la maquinaria pesada que transporta los metales a las plantas de procesamiento o a los puntos de venta locales llena el aire de polvo contaminante.
El informe ESG de las comunidades de Shurugwi también señala que la escasa regulación de los mineros artesanales ha provocado la contaminación del río. "Hubo una filtración de la balsa de residuos de Unki hacia una fuente de agua", añadió Midzi, "aunque no constancasos de personas enfermas". Aun así, dado que los lugareños cultivan o crían animales en terrenos contaminados, quedaron expuestos a graves problemas de salud derivados del contacto con residuos tóxicos.
Aquí es donde entra en juego una organización como ZELO. Desde diciembre de 2019, colabora con la Initiative for Responsible Mining Assurance (IRMA), entidad que fija estándares globales para una minería más responsable. Como sostiene la propia IRMA, "esto no se trata solo de emisiones o de cumplir requisitos de seguridad, sino del panorama completo: trabajo, tierra, comunidad, biodiversidad, agua y derechos humanos. Sentamos a empresas, trabajadores, comunidades y sociedad civil en la misma mesa, y no nos conformamos con el mero cumplimiento normativo: exigimos ir mucho más allá".

Mina Unki, Zimbabue. Foto: Creamer Media
Cómo IRMA tendió puentes entre la mina y la comunidad
Fue IRMA quien ayudó a reconstruir la confianza entre la mina Unki y la comunidad. Los habitantes de la zona desconfiaban debido a la reputación del sector. "La gente daba por hecho que había corrupción... no sabían lo que hacían las empresas mineras", afirma Midzi.
Unki fue uno de los primeros gigantes mineros en someter una de sus instalaciones a la auditoría completa de IRMA por iniciativa propia. La compañía buscaba así mejorar las condiciones de su plantilla, de sus vecinos y del entorno natural. "Teníamos muchas ganas de participar", asegura Antony Chadhliwa, responsable de IRMA en Unki.
"Queríamos reforzar nuestros sistemas, el vínculo con las comunidades y cuidar mejor el medioambiente. Vimos en esto una oportunidad de mejorar nuestra forma de trabajar en todos los ámbitos", comenta. A partir de ahí, ZELO organizó sesiones informativas con los vecinos para explicarles el alcance de una auditoría IRMA. Se creó un espacio seguro donde la gente podía expresarse libremente, se tomaba nota de sus opiniones y sus preocupaciones se trasladaban a las autoridades pertinentes..
"Ya no se trata solo de meter presión, sino de ayudar a las compañías a estar al día... para que cuenten con esa legitimidad social necesaria para operar", subraya Midzi.
"Ahora la comunidad quiere proteger Unki, porque si protegemos la mina, nos estamos protegiendo a nosotros mismos".
¿Qué avances ha supuesto la mina de Unki para la comunidad?
A lo largo de la auditoría, los vecinos trasladaron reclamos históricos en torno a los antiguos procesos de realojo —es habitual que las personas en las ciudades mineras sean reubicadas sin consulta previa—, el acceso a mejores carreteras, el acceso al agua y la lucha continua por mejores prácticas laborales y beneficios sociales.
Según IRMA, Unki tomó nota. Se perforaron pozos, se construyeron módulos escolares y se ampliaron las oportunidades de empleo local. "La mina de Unki ha aportado un avance notable a la comunidad mediante proyectos de desarrollo local, programas de capacitación técnica, apoyo a escuelas y acuerdos en infraestructuras, aunque aún persisten las preocupaciones sobre cómo se distribuyen los beneficios", afirma Midzi. "No puedo decir que lo hayamos conseguido del todo; seguimos trabajando en ello".
Tal como concluye el estudio de caso de IRMA publicado en 2025, "las quejas no desaparecieron", pero la gente dejó de enviar reclamaciones formales por escrito porque reconoció que las sesiones de ZELO eran una vía de comunicación más directa.
"La comunidad ahora quiere proteger Unki", dice un vecino en el informe. "Porque si protegemos la mina, nos protegemos a nosotros mismos".

Sitio minero de Anglo American Platinum. Shurugwi, Zimbabue. Enero 2007 - Diciembre 2013. Foto: DRA Global
Un cambio para la industria
Que Anglo American se ofreciera voluntariamente a ser auditada por IRMA supuso un punto de inflexión para el sector. Cada vez hay más conciencia por parte de consumidores y fabricantes sobre cómo se extraen las materias primas y el impacto humano, geopolítico y medioambiental que dejan a su paso.
"Esa presión por sí sola es lo que está llevando a algunas empresas mineras a demostrar que sus cadenas de valor son limpias, que minan de forma responsable, y que quienes abastecen también quieren hacerlo de manera responsable", explica Midzi.
El impacto de la auditoría de la mina Unki ha provocado un efecto dominó en el sector. Ahora, otras empresas mineras de Zimbabue, entre ellas la productora de litio de capital chino Kamativi Mining Company y la Zimbabwe Consolidated Diamond Company, están buscando la certificación IRMA, con el apoyo continuo de ZELO. Aunque todavía queda camino para que casos como el de Unki dejen de ser una excepción en el extractivismo africano, esta experiencia demuestra que un futuro más responsable para la región es posible.
El móvil más sostenible es el que ya tienes.
Back Market está luchando por un mundo donde los móviles duren al menos 10 años, mediante el cuidado, la reparación, la reutilización y el reacondicionado.