
Un trabajador congoleño junto a una explotación minera de tántalo en Katanga. Foto: David Maenda Kithoko.
Sin embargo, en mi país de origen, el Congo (donde se concentra el 50 % de la producción mundial de tántalo, según Reuters), la extracción de este mineral está destrozando vidas y arrasando el entorno natural. Esto es algo que afecta al planeta entero, ya que el Congo alberga una de las mayores masas forestales que nos quedan para la absorción de dióxido de carbono. Solo en la cuenca del Congo se ha producido una pérdida forestal alarmante (-500 hectáreas al año durante la última década) provocada por el extractivismo minero.
Sin embargo, en mi país de origen, el Congo (donde se concentra el 50 % de la producción mundial de tántalo, según Reuters), la extracción de este mineral está destruyendo y arrasando el entorno natural. Esto es algo que afecta a todo el mundo, porque el Congo tiene una de las mayores masas forestales que quedan para la absorción de dióxido de carbono. Solo en la cuenca del Congo, se ha producido una pérdida forestal alarmante (-500 ha/año durante los últimos 10 años) debido al extractivismo.
Nací en Kivu del Sur y crecí en medio de múltiples guerras. He vivido en propia piel ese miedo de no saber si tú o tu familia llegaréis al día siguiente. El hambre... y el día a día en un lugar donde no tienes acceso a comida o donde te pueden pegar un tiro en cualquier momento. He visto cómo asesinaban a mis vecinos, he visto salir de las minas los cuerpos cubiertos de polvo de niños pequeños y he sido testigo de cómo las milicias armadas violaban a mujeres. Gran parte de esto ocurre porque hay quienes quieren controlar las minas y recurren a la violencia para imponerse. Saben lo lucrativo que es el negocio de la extracción.
Para que este tipo de explotación ocurra, primero se necesita un régimen político favorable. En el sur del Congo y en Katanga hay minas industrializadas de cobalto y cobre donde la corrupción campa a sus anchas. Pero en las regiones de Kivu, cientos de milicias se pelean por el control del coltán, del que luego se extrae el tántalo. Para extraer a gran escala y de forma intensiva necesitas mano de obra sumisa e inagotable, además de un gobierno que mire para otro lado ante toda la destrucción medioambiental que esto acarrea.

Niños trabajadores congoleños cerca de una mina de tántalo en Katanga. Foto: David Maenda Kithoko
En pocas palabras: si vives en Kivu del Norte, te expones a que te asesine un grupo armado o a que te obliguen a trabajar en el fondo de una mina jugándote la vida. Si vives en el sur, ya sea en Katanga o en Kolwezi, puede que las balas no te alcancen con tanta frecuencia, pero acabarás muriendo por el agua contaminada o por los gases tóxicos que desprenden las explotaciones industriales. Por lo que he vivido en la República Democrática del Congo (RDC), muchos de mis compañeros de la escuela primaria ya no están vivos. Nacer en el Congo significa tener muchas más probabilidades de morir joven por culpa de los conflictos y la contaminación vinculados a la extracción de materias primas. Es esta economía de guerra, levantada en torno a la explotación de minerales, la que se cobra más vidas.
Llevo más de diez años como refugiado en Francia. He dedicado mi vida a investigar cómo el extractivismo, en particular de metales como el tántalo —empleado para fabricar iPhones y teléfonos Galaxy—, está causando un daño irreversible al planeta. A través de mi ONG, Génération Lumière, intento dar con soluciones técnicas que permitan limpiar la cadena de suministro del tántalo en el Congo y empoderar a los trabajadores.
Ya he trabajado en una campaña que obligó a la Comisión Europea a paralizar un acuerdo de financiación que alimentaba a una peligrosa mina artesanal de tántalo y a la sanguinariamilicia M23 (que opera en Bukavu, Goma y muchas otras ciudades del este del Congo). Esta campaña de incidencia, llevada a cabo primero a nivel del Parlamento Europeo y luego con la Comisión Europea, contribuyó a detener 10 millones de euros de financiación destinados al ejército ruandés, que según The Guardian es el cerebro detrás de la milicia M23. Sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer.

Mineros de tántalo buscan entre la tierra. Foto: David Maenda Kithoko
En el futuro, la tecnología reacondicionada puede aliviar parte de la presión sobre la cadena de suministro del tántalo. Si todos conservamos nuestros dispositivos más tiempo, quizá las minas no tengan que seguir abiertas. Los fabricantes de estos smartphones también tienen diseñarlos para que sean reparables, porque si transformamos las dinámicas de consumo, será mucho más difícil que un grupo armado prospere en un lugar como el Congo.
Actualmente, mi ONG trabaja en la creación de una red por todo el Congo para monitorizar las condiciones humanas y suministrar información constante a los medios de comunicación. El Congo está lleno de talento y de gente maravillosa, pero en Occidente solo nos conocen por la guerra y la sangre. Llevamos demasiado tiempo deshumanizados, y todo por la necesidad que tiene el mundo de explotar al pueblo congoleño para conseguir mano de obra barata y materias primas. Sé que soy un privilegiado por estar vivo hoy aquí, cuando tantos amigos míos se quedaron por el camino. Pero no voy a permitir que su muerte haya sido en vano.
Si cambiamos la forma en que vemos el tántalo y el papel del Congo en su suministro a la fast tech, podremos por fin devolver algo de humanidad y dignidad a mi país.
Testimonio recogido por Thomas Hobbs. David Maenda Kithoko es el fundador de la asociación Génération Lumière, impulsora de la resolución aprobada por el Parlamento Europeo el 13 de febrero de 2025 sobre la escalada de violencia en el este de la República Democrática del Congo. Puedes colaborar con Génération Lumière haciendo tu donación aquí.
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