
La diseñadora francesa Marianna Ladreyt ha puesto su talento al servicio de una buena causa: transformar flotadores de playa abandonados en fundas para tus dispositivos. Una forma con mucho estilo de dar una segunda vida a los residuos plásticos.
¿Y si ese cocodrilo hinchable olvidado en el fondo de la piscina pudiera tener una segunda vida? Esa es la apuesta de la diseñadora y artista Marianna Ladreyt, que ha hecho de los flotadores abandonados su material favorito para hacer upcycling. Este verano, ha creado para Back Market una colección de 100 fundas de portátil hechas con "piel" de flotador, que estarán disponibles en nuestra tienda global.
Tras formarse en la Escuela de Bellas Artes de Toulouse y en la Academia Gerrit Rietveld de Ámsterdam, Marianna Ladreyt dio sus primeros pasos en el mundo de la moda. Pronto sintió el flechazo por un material totalmente insólito: el plástico hinchable no reciclable de los flotadores de playa. A medio camino entre el diseño de producto, los accesorios y la moda, ella imagina y confecciona a mano piezas únicas combinando técnicas tradicionales de costura y marroquinería.
Hola, Marianna. ¿Nos cuentas de dónde viene esta obsesión por los flotadores de playa?
En el verano de 2021, fui al sur de Francia (yo soy de un pueblo que se llama Six-Fours-les-Plages) y vi una colchoneta de piscina tirada en la basura, en plena calle. En ese momento, algo me hizo clic. La cogí, me la llevé al taller, la limpié, la corté y la volví a coser. Y funcionó.
A partir de ahí, empecé a rescatar flotadores. Nunca los compro nuevos, los salvo de donde puedo. Empecé haciendo 10 bolsos estilo patchwork con cocodrilos, flamencos rosas, cisnes, orcas, manguitos naranja neón para bebés... Creativamente hablando, sentí que no podía parar. Seguí con pantalones, sombreros de pescador, bikinis ¡y hasta un vestido de novia! La Fundación Pernod Ricard le echó el ojo a mi trabajo, y eso desencadenó una ola de reconocimiento que me llevó hacia el diseño de producto y de muebles, hasta terminar exponiendo este año en la Semana del Diseño de Milán.
¿Por qué te toca tan de cerca el tema del plástico de un solo uso?
Odio la basura que contamina. Es como me educaron, pero también es una cuestión de respetar lo que nos rodea. Mi madre es de Chipre y, cuando íbamos allí de vacaciones, veía toda esa porquería en la playa. Literalmente me daban ganas de meter a la gente en la cárcel por eso; ver aquello me indignaba muchísimo.
El cocodrilo hinchable, al ser tan divertido, ayudó un montón a abrir conversaciones muy necesarias: la contaminación por plástico, su toxicidad y lo que va dejando en el océano. La gente no sabe que los flotadores no se pueden reciclar. Están hechos de una mezcla de PVC y otros plásticos que varía según la marca. Cuando los tiras, o los incineran o los entierran, lo cual es terrible.
Es curioso porque, en mi día a día, intento reducir el plástico al máximo. Pero en mi proceso creativo siempre ha estado presente. La diferencia es que, como diseñadora, descubrí el poder de hacer que la gente desee un material problemático. Tenía que crear todo un concepto alrededor de este soporte para hablar de él de la forma más eficaz, y los flotadores me dieron la oportunidad de hacerlo.

¿Y cómo transformas un flotador pinchado en una pieza de diseño?
La técnica es bastante avanzada, es artesanía pura. Coges el flotador, lo abres, lo limpias, lo tratas y lo planchas. Luego viene todo el trabajo de composición para crear un patchwork con las "pieles", que vas uniendo a máquina de coser. Y por último, lo adaptas al patrón para dar forma a la pieza final.
Desde 2024, voy más allá de las superficies planas para recrear "hilos" gruesos hechos con la piel acolchada de los flotadores, como si hicieras un zoom sobre el material. Eso me da pie a explorar nuevos materiales y técnicas, como tejerlos en el rejillado de sillas vintage para darles una vida completamente nueva.
Estamos deseando saberlo: ¿cómo van a ser las fundas de portátil de Marianna Ladreyt x Back Market?
¡Estarán hechas de "piel" de cocodrilo hinchable, por supuesto! Y manteniendo mi ADN al cien por cien, porque irán acolchadas y forradas con tela de vela reutilizada. El cocodrilo es mi verdadera seña de identidad, es que es divertidísimo. Con el primero que tuve, ni siquiera me veía capaz de cortarlo; les tengo un respeto enorme a estos animales tan fantásticos.
Nos llevó casi un mes de búsqueda en plataformas de segunda mano, piscinas y particulares para reunir cerca de 50 flotadores. Y ahora cuento con cuatro artesanos expertos trabajando durante tres semanas para tenerlo todo listo.
Back Market es una marca que encaja de lleno con mis valores y con la que ya he colaborado antes. Cuando llevas el upcycling a escala industrial, el impacto es brutal; puede cambiar muchísimas cosas.

En tu opinión, ¿qué convierte a un objeto en algo verdaderamente duradero?
Nada es realmente eterno. Un flotador, por ejemplo, puede haber perdido algo de flexibilidad en algunas zonas por su vida anterior bajo el sol o el cloro. Pero eso es algo que no puedo saber de antemano. Reacondicionar el material, en cambio, permite alargar la vida útil de un objeto todo lo posible, añadiendo forros o parches, por ejemplo.
En el mundo del diseño se están dando muchísimas innovaciones en cuanto a materiales. Hay científicos que han descubierto setas que comen plástico. Las investigaciones en este campo son increíbles. El problema no es ese; ahí las cosas no están atascadas. La piedra en el camino es algo que ya conocemos de sobra: el lobbying y la política.
¿Qué tipo de impacto esperas tener?
¡Me encantaría conseguir que la gente se diera cuenta de que cualquier cosa de la basura se puede transformar en algo chulo! Mi trabajo es muy visual, lo que facilita mucho explicar las cosas y conectar de verdad con la gente cuando hablamos de plástico. Espero que les haga darle una vuelta a los materiales y objetos que nos rodean. Pero más allá de ofrecerles una nueva forma de ver las cosas, creo que he comprendido que mi trabajo es hacer sonreír a la gente. Lo vi claro con mis bolsos de cocodrilo. Y si además pudiera ayudar a que todo el mundo soñara un poco y se teletransportase, como Mary Poppins, a un mundo divertido, libre y lleno de color, ¡eso ya sería el triunfo definitivo!









