El dispositivo que me cambió la vida: Stephen Shames sobre la Leica M4

22 de enero de 2026


9 min de lectura


Christine Ochefu

Especialista en marketing de contenidos

En nuestra serie "El dispositivo que me cambió la vida" charlamos con creativos famosos sobre ese aparato tecnológico que fue determinante en su carrera y su formación personal. En esta segunda entrega, el galardonado fotoperiodista Stephen Shames cuenta a Christine Ochefu cómo la cámara Leica M4 le ha ayudado a documentar las luchas y las adversidades del Movimiento por los Derechos Civiles en EE. UU.

A pesar de tener casi 60 años, la Leica M4 sigue siendo popular hoy en día, y este pequeño cacharro de latón alcanza precios astronómicos en el mercado de segunda mano. 

Es fácil ver por qué. Desde el icónico retrato del revolucionario Che Guevara, que acabaría colgando de las paredes de las habitaciones de millones de estudiantes , hasta la ganadora del premio Pulitzer "La niña del Napalm", la marca Leica es sinónimo de capturar momentos históricos que marcan un antes y un después. Y aunque ahora mismo hay cámaras más avanzadas en el mercado, los entusiastas de la fotografía insisten en que la versión Leica M4 sigue siendo "perfecta"para su cometido; un dispositivo compacto, sin pretensiones y con un diseño robusto hecho para durar. 

Cualquiera que haya hecho una foto alguna vez sabe lo difícil que es capturar a las personas en su versión más natural. Lo genial es que la Leica M4 permite una cercanía íntima con el sujeto fotografiado, gracias a su apariencia sencilla y sin florituras, lo que ayuda esencialmente a relajar al instante a la persona al otro lado de la lente. Quizá por eso el legendario fotógrafo estadounidense Stephen Shames encontró en este dispositivo en particular a su mejor compañero para crear toda una vida de imágenes tan inmortales.

El Partido Pantera Negra en 1969. Foto de Stephen Shames.

Este aclamado fotorreportero de 78 años ha pasado décadas sacando imágenes atrevidas que no tienen miedo de plantarle cara al poder dictatorial, documentando posteriormente enormes cambios sociales y fricciones políticas en los EE. UU. Desde sus comienzos, a finales de los 60, como redactor en el influyente periódico Berkley Barb de la Universidad de Berkeley arrancó una carrera fotográfica envidiable, que nos ha ayudado a comprender mejor a los seres humanos en el centro del Movimiento por los Derechos Civiles estadounidense. 

Shames documentó la guerra de Vietnam, los discursos de Martin Luther King, la pobreza en Estados Unidos y el ataque contra —y la lucha por— las libertades civiles de la población negra durante las décadas de 1960 y 1970. Asimismo,  este veterano fotógrafo pasó mucho tiempo siguiendo a los Panteras Negras. Su trabajo con este grupo político de base es un gran ejemplo de la materialización de la 'Coalición Arcoíris', una idea política de que la solidaridad y la comunidad podían existir más allá de las barreras raciales y de clase. 

"Mis fotografías tienen muchas tomas muy íntimas y estoy en muchos lugares que no son turísticos" - Stephen Shames, fotógrafo

El fotógrafo se convirtió en una ventana privilegiada hacia las entrañas de los Panteras y, lo que es más importante, en un medio para ofrecer un retrato honesto y tierno de la comunidad llena de afecto que crearon tras el audaz lema "Por cualquier medio necesario". Esto se logró a través de los retratos intimistas que Shames hizo de niños de los Panteras Negras sonriendo en clase con sus boinas, de Huey Newton sujetando alegremente un vinilo de Bob Dylan y de Angela Davis fumándose un cigarro tras ser liberada del caos de la prisión.

Stephen Shames, su Leica M4 y el activista de derechos civiles Jesse Jackson. Foto proporcionada por Stephen Shames.

"A veces la foto se convierte en más de lo que es", dice Shames, neoyorquino de nacimiento, hablándonos desde su casa en la ciudad. "No es solo el registro de unos niños sentados en una estatua; la gente lo ve como un documento de la lucha por la liberación negra. Ese es el poder de la fotografía: a veces una imagen puede ser una representación emocional. Y eso es el arte, ¿no? Si es arte de verdad, siempre es más de lo que parece a simple vista".

Después de todos estos años, la Leica M4 sigue siendo una herramienta de confianza en el arsenal de Shames. Dice que es el dispositivo perfecto para retratar la cruda realidad. "Mis fotos son muy íntimas, y me meto en muchos sitios que no salen en las postales", explica el fotógrafo, que tan pronto estaba fotografiando una marcha por Vietnam en los 60 bajo la lluvia torrencial, como moviéndose por polvorientos campos de refugiados en Uganda. "La gente decía: 'Ah, sí, yo tengo una cámara como esa'. Como la Leica M4 no parece una cámara profesional de lujo, sirve para romper el hielo'".

Y añade: "cuando llevabas una cámara profesional, la gente no quería que les hicieras fotos porque pensaban que eras parte de los medios de comunicación de los que no se fiaban. La Leica M4 me permitió pasar más desapercibido". Hablamos con Shames sobre sus años capturando la espinosa historia sociopolítica de Estados Unidos, el uso de su Leica M4 como un compañero creativo y por qué este dispositivo casi indestructible ha superado la prueba del tiempo. La siguiente conversación ha sido ligeramente editada para mayor fluidez.

Dos niños suben a una estatua durante una protesta en New Haven en medio del juicio de Bobby Seale en 1970. Foto de Stephen Shames.

¿Cuándo empezaste a usar tu Leica y qué te hizo elegirla en primer lugar?

Cuando empecé a trabajar en el periódico Barb, conocí a Alan Copeland [compañero fotoperiodista], que se convirtió en mi mejor amigo y mentor. Él era un fotógrafo mucho más experimentado en ese momento. Me descubrió la marca alemana de cámaras de gama alta Leica y me convenció para deshacerme de esa pequeña cámara barata de casa de empeños que tenía antes. La primera que tuve creo que fue una M3, pero poco después conseguí una M4; me encantaba esa cámara. Los objetivos eran increíbles, una pasada de nítidos. Podías enfocar con poca luz porque mirabas a través del telémetro. La gente no pensaba que fuera una cámara grande y ostentosa, así que era genial para la fotografía callejera y para pasar desapercibido.

He oído a algunos fotógrafos hablar de las cámaras como 'compañeros creativos', o incluso como si tuvieran personalidad propia. ¿Sentiste tú lo mismo con tu Leica alguna vez?

Sentía que las cámaras eran parte de mí, sí. Siempre la llevaba encima. De la misma manera que nunca saldrías de casa sin ropa, si yo no tenía esta cámara, pues me sentía completamente desnudo. Era casi como algo que guardas bajo la almohada por la noche. Era como un compañero: parte de mí, o una extensión de mi ojo.

Pobreza en Estados Unidos: un niño duerme en un coche. Desde 1985 en Ventura, California. Foto de Stephen Shames.

Algo que he notado en tu trabajo es que es muy empático y no resulta voyerista, a pesar de que a menudo fotografías temas controvertidos en situaciones delicadas. ¿Cómo mantienes la empatía en tu trabajo, especialmente cuando fotografías comunidades a las que no perteneces necesariamente?

Trabajé con un gran periodista político, Errol Caldwell, que era redactor del New York Times. Siempre me decía: "Steve, tienes que compartir su dolor". Cuando fotografié a las familias sin hogar, como a aquel niño y su familia que vivían en la playa en un parque estatal, compré una tienda de campaña y acampé con ellos. Cuando estaba haciendo la serie Outside the Dream: Child Poverty in America, si estaba fotografiando, pongamos, a la familia de un siderúrgico en paro en Indiana, literalmente dormía en su sofá, comía con ellos y acababa conociéndoles a fondo. Esa es la única manera de aprender verdaderamente sobre la vida de las personas: compartiendo su experiencia. Y al revés, necesitas compartir la alegría también. Eso es la verdadera empatía: sentir la emoción de otra persona, sea buena o mala.

Martin Luther King hablando en una manifestación contra la guerra en UC Berkeley en 1967. Foto de Stephen Shames

Aunque ahora disparas principalmente en digital, he notado que hay un resurgir de las cámaras de carrete entre las generaciones más jóvenes. ¿Por qué crees que la gente vuelve a esa forma de arte teniendo lo digital tan al alcance de todos?

Nada desaparece nunca del todo. El carrete tiene una calidad muy distinta; no sé si lo digital llegará a producir imágenes en color tan increíbles como las del Kodachrome, por ejemplo, o en blanco y negro tan maravillosas como las del [Kodak] TRI-X. Antes, cuando las cámaras eran totalmente mecánicas, duraban toda la vida. Ahora, con las digitales, cada dos o tres años se quedan casi obsoletas; sacan modelos nuevos y te pasas el día actualizando el software.

Vi algo muy gracioso que alguien publicó en Facebook. Decía que antiguamente, antes de que los electrodomésticos fueran 'inteligentes', simplemente duraban toda la vida. Ahora, nuestros electrodomésticos inteligentes están hechos para que tengas que comprar uno nuevo cada dos o tres años, ¡ya sea una cocina, una nevera, un lavavajillas o un móvil! Pero podrías comprar una Leica de los años 40, 50 o 60 y siguen funcionando en 2025. Mi Leica M4, la tengo desde hace más de 30 años. De vez en cuando tenías que llevarla a revisar para que la limpiaran, claro, pero duraba toda la vida: tendrías que haberla tirado desde una ventana de un segundo piso contra una acera de cemento para cargártela.

A Black Panther education program for working class children. Photo by Stephen Shames.

Tus fotos suelen capturar imágenes duras que pueden provocar una reacción muy emotiva al verlas. Incluso cuando tratas temas tan difíciles, ¿la fotografía te ha servido de terapia alguna vez?

Stephen Shames: Totalmente. Mi madre era poeta y crecí en un hogar artístico. Así que crecí rodeado de arte y en cierto modo me consideraba artista, pero nunca se me dio bien dibujar ni pintar, ni nada de eso. Así que la cámara y la fotografía fueron realmente mi forma de expresión. La diferencia entre la mayoría de la gente y los artistas es que los artistas usamos nuestros errores e imperfecciones para aprender y crear arte de verdad. Como artistas, sabemos que estamos jodidos, [pero] usamos esa tensión para crear y esa es nuestra terapia. Nos cura a nosotros y, con suerte, ver arte verdadero también cura a los demás.

¿Qué significa sanar? Lo primero es identificar que algo te duele y saber qué es. Lo segundo, analizarlo. En fotografía, procesas todos esos pensamientos a través de las vidas de los demás; retratarlos te ayuda a gestionar lo que ha pasado en tu propia vida. A muchos nos atrae la gente que vive en los márgenes de la sociedad, los que lo están pasando mal. Fotografío la explotación infantil o a un niño soldado —algo que yo no he vivido— o a un siderúrgico que se ha quedado en paro y cuya familia está en crisis. Emocionalmente, eso puede resonar con cosas que nos pasaron a mi familia y a mí, aunque sean diferentes. Todos pasamos por crisis en esta vida, y hacer fotos es una forma de entenderlas.

Una ilustración original de Hayley Wells. Stephen Shames: Una vida en fotografía ya está disponible.

Escrito por Christine OchefuEspecialista en marketing de contenidos

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